En un mercado donde la tecnología se renueva cada día, pocas marcas logran sostener una identidad tan reconocible y coherente como NGS. Desde hace casi cuatro décadas, la compañía española ha construido una historia singular en el universo de la electrónica de consumo: productos con alma europea, diseño con carácter y una actitud que celebra la libertad como forma de vida.
Hoy, NGS evoluciona. Y su identidad visual crece con la misma fuerza que su historia.
Participar en el restyling de su línea de packaging ha sido una oportunidad para mirar de cerca lo que hace grande a una marca: su capacidad de transformar la experiencia cotidiana en algo emocional. Este proyecto no solo trató de actualizar una estética, sino de acompañar a una compañía icónica en un proceso de consolidación global, donde la coherencia visual se convierte en ventaja competitiva.
“En un mercado que cambia cada día, mantener una identidad coherente es un acto de valentía y visión.”
El trabajo combinó análisis estratégico, rigor técnico y sensibilidad creativa. Se partió de un diagnóstico exhaustivo del ecosistema visual de NGS y su presencia en distintos canales y países. A partir de ahí, se definió una nueva paleta cromática vibrante, liderada por un violeta intenso que actúa como elemento unificador, acompañado por matices complementarios que refuerzan el contraste y la legibilidad.
La arquitectura tipográfica fue repensada para proyectar solidez y modernidad: un lenguaje visual firme, contemporáneo, que transmite fiabilidad sin perder frescura. Se desarrolló también un sistema iconográfico claro y funcional, diseñado para mejorar la lectura del producto y facilitar la experiencia de compra, tanto en lineales físicos como en entornos digitales.

Línea gráfica de diseño de productos audio.
En paralelo, se aplicaron criterios de composición exigentes: zonas de protección precisas, bandas diagonales cuidadosamente equilibradas, tramas con efecto sostenible que aportan textura sin saturar. El resultado es un sistema de packaging modular y coherente, capaz de adaptarse a distintas categorías sin perder consistencia.
Pero más allá de la técnica, el propósito fue mantener vivo el ADN de NGS: esa actitud inconformista que conecta con quienes viven con pasión la libertad. Cada envase debía seguir transmitiendo ese espíritu rebelde, esa energía que convierte a la tecnología en una extensión del estilo personal.
Nada de esto habría sido posible sin una visión compartida. Agradezco especialmente a Susana Lacabex, directora de marketing de NGS, por la confianza y la complicidad creativa que hicieron de este proceso una experiencia tan enriquecedora. Su liderazgo fue clave para alinear la estrategia de marca con los nuevos códigos visuales y para garantizar que cada decisión —desde un tono de violeta hasta una textura impresa— respondiera a un propósito.
Hoy, ver cómo esta nueva identidad cobra vida en los productos que llegarán a más de treinta países es, sin duda, la mejor recompensa. Porque diseñar, en su sentido más profundo, no es solo crear envases: es proyectar el futuro de una marca.
Y lo más emocionante es que esto solo es el comienzo.












