Esta mañana tuve el privilegio de asistir a los Primeros Premios IN Gastro, una cita concebida para rendir homenaje al talento, la tradición y la innovación que dan sabor —en el sentido más amplio del término— a esta tierra.
Organizados por el Diario de Navarra, los premios nacen con una vocación clara: reconocer a quienes, desde la cocina o la sala, desde el viñedo o el obrador, construyen el relato contemporáneo de la gastronomía navarra. Y lo hacen con esa mezcla de sobriedad, autenticidad y orgullo que define el carácter de esta región.
“La gastronomía navarra es una forma de cultura que se hereda, se honra y se defiende.”
Entre los galardonados, me conmovió especialmente la figura de Lorenzo Aréjula, joven chef de Casa Zanito. A su edad, ha logrado mantener viva la esencia de la cocina tradicional sin renunciar a la búsqueda de un lenguaje propio. Durante su intervención, pronunció una frase que condensa toda una filosofía culinaria:
“Un plato puede tener muchas técnicas, pero si no sabe a nada, no sirve de mucho.”
En tiempos donde la forma amenaza con eclipsar al fondo, su reflexión recordó que la innovación sin memoria es solo artificio.

Posado fotográfíco entrega de premios.
También fue inspirador escuchar a Gregorio Tolosa, del asador Bidea 2, quien, con la serenidad de quien conoce la materia prima desde dentro, reivindicó la fuerza del producto local:
“La excelencia no está reñida con lo cercano.”
Sus palabras resonaron como un manifiesto de identidad gastronómica en un mundo que a menudo confunde sofisticación con distancia.
El acto concluyó con el testimonio de Steven Bosen Wu Zheng, creador de un proyecto en Madrid que él mismo definió como una “embajada de Japón”. En su propuesta confluyen cocina, arte y emoción, con un objetivo tan simple como trascendente:
“Lo bonito —dijo— es que el sabor siga siendo el objetivo.”
Tras la ceremonia, la jornada continuó entre conversaciones distendidas, risas y copas compartidas. Tuve el placer de coincidir con Álex Múgica, chef de El Colegio de Pamplona; Iñaki Oñatevía, jefe de ventas de Perelada & Chivite; Maika Lerga, directora de cuentas en Fotocasa; y Estefanía Armendáriz, directora de DSEA Inmobiliaria y amiga entrañable de mis primeros años en Navarra.
Entre recuerdos, anécdotas y una copa de buen vino, fue imposible no pensar que Pamplona tiene algo que pocas ciudades conservan: una comunidad que se reconoce en sus valores y celebra lo que la une.
A todos los premiados, gracias por recordarnos que la gastronomía no solo se enseña ni se aprende: se hereda, se honra y se defiende.
Y por demostrar que, en Navarra, la cocina sigue siendo una forma de cultura.



